Los pediatras, científicos, enfermeras, fabricantes de
alimentos infantiles y público conocedor, reconocen y están
de acuerdo en que la leche materna es la mejor, veamos por
qué:
1. Individualizada. La leche materna contiene por
lo menos cien ingredientes que no se encuentran en la leche
de vaca ni se pueden sintetizar en el laboratorio. A
diferencia de la leche de fórmula, la materna varía
constantemente para satisfacer las necesidades siempre
cambiantes de las criaturas: es distinta por la mañana que
por la tarde; distinta para el bebé de un mes que cuando
tiene siete meses; distinta para el bebé prematuro que para
el que nace a termino
2. Más digestible. La proteína y la grasa de la
leche materna están compuestas por moléculas más pequeñas
y además tiene menos sodio y proteínas que la leche de
vaca, por esto el niño puede sintetizar con mayor facilidad
y exige menos trabajo a los débiles riñones del recién
nacido. Los niños amamantados tienen menos probabilidades
de sufrir de cólicos, gases y salivación excesiva.
3. Menor riesgo de alergia. Más de un 10% de los
niños iniciados con formulas lácteas artificiales,
resultan alérgicos a ésta. Los bebés amamantados casi
nunca son alérgicos a la leche materna, pueden ser
sensibles a algo que la madre haya ingerido, pero por lo
general la leche misma la toleran bien.
4. No hay problemas de estreñimientos ni diarreas.
5. Mejor salud del bebé. Cada vez que el niño
toma del pecho de la madre ingiere una abundante dosis de
anticuerpos que fortalecen su inmunidad a las enfermedades.
6. Mejor desarrollo de la boca. Los pezones de la
madre y la boca del bebé hacen un juego perfecto que
permite a través del ejercicio de succión un óptimo
desarrollo bucal.
7. La lactancia es provechosa para el organismo de la
madre. Ayuda a la matriz a volver a su tamaño normal y
por eso los dolores que experimenta la madre los primeros días
que siguen al parto cuando el niño lacta. Contribuye
igualmente a perder kilos agregados de más en el embarazo,
se quema un extra de 500 calorías diarias.
8. Fortalece el lazo afectivo, el acto de
amamantar desarrolla un lazo de intimidad que se crea entre
madre e hijo. El contacto de la piel y el encuentro de la
mirada constituyen recuerdos imborrables que alimentan por
siempre el espíritu y el orgullo de una madre.